Fin de historia

Por Óscar Dávila Jara (Moralito)

En la computadora iban apareciendo las letras, formando palabras que se distribuían a lo largo de la pantalla, construyendo una salida de la trama en la cual se encontraba atrapado aquel hombre. Las alternativas surgían apresuradamente, abriendo puertas hacia los pasillos, bifurcando en amplios corredores apenas iluminados por la escasa luz que llegaba del exterior. El escritor se volcaba en el teclado de la computadora buscando oír los latidos y la respiración entrecortada de su personaje y éste, se aferraba al resto de la historia que faltaba por escribirse, sus expectativas no eran esperanzadoras pues la imaginación del escritor se había empeñado en dejar en diversas páginas evidencias que lo comprometían, ahora mismo enfrentaba dos peligros, el de sus perseguidores y a su creador. El repiqueteo de las teclas hacía que la desesperación del fugitivo aumentara, mientras que los sentidos de sus enemigos se aguzaban ante la inminencia de la presa y tomaban precauciones para ir cubriendo las posibles salidas. El escritor tomó conciencia de haber llegado al final de su historia y buscaba las últimas frases, hurgaba en su imaginación tratando de encontrar la forma precisa de terminar con aquel ser que había creado y mientras las encontraba, lo desplazaba por los pasillos de aquel edificio que tan bien conocía – final de corredor, puerta a la izquierda, estancia oscura, estrépito de objetos al caer, gritos lejanos, otra puerta… – continuó escribiendo y por un momento tuvo una ligera distracción, apenas el murmullo de una puerta cerrándose suavemente y ahora, sin realmente desearlo, acababa de ponerle un arma en la mano. El hombre tenía la sensación de estar a punto de llegar a su objetivo, se introdujo en un salón al final del cual encontró una puerta, debajo de la cual se filtraba un haz de luz. Pasos. El escritor tuvo la certeza de haber escuchado pasos, pero al suspender la escritura éstos también habían cesado, reanudo su labor y de nuevo la misma sensación, estaba por tipear la frase “el fugitivo abrió la puerta y encontró a su víctima” y una molesta duda le cosquilleó en el instinto, volteó hacia la puerta y puso atención, nada, no se escuchaba nada, lentamente fue pulsando las teclas hasta terminar la oración, de nuevo volteó hacia la puerta y se vio asimismo empuñando un revolver y apuntando fríamente. Como un reflejo instintivo oprimió el botón de encendido. Jaló el gatillo. El texto desapareció de la pantalla y la habitación se iluminó con un fogonazo, junto con el texto fue desapareciendo la amenaza, la habitación, la computadora y el escritor.

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